Para muchas empresas, las actividades que tienen como finalidad “hacer equipo” son ya algo básico. No solamente se ven como una interesante pausa fuera de la oficina o el centro laboral, sino como una manera concreta con la que mejora la convivencia, se refuerza la comunicación y se crean equipos mucho más cohesionados.
Ahora, en el entorno laboral, tienen más importancia la coordinación, la confianza y la capacidad de adaptación, en el que el peso de esta clase de iniciativas cada vez es mayor y aporta un valor real, siempre que se planteen con sentido y no como un simple gesto a nivel decorativo.
Conociendo más…
Hablar de team building no es hablar únicamente de juegos, dinámicas o experiencias de ocio. Es hablar de cómo se relacionan las personas dentro de un grupo de trabajo y de qué se puede hacer para que esas relaciones sean más fluidas y productivas. Cuando una actividad está bien diseñada, ayuda a que los miembros del equipo se entiendan mejor, se conozcan en contextos distintos y descubran formas de colaborar que luego pueden trasladar al día a día. Ahí está su verdadero interés para las empresas y para los profesionales que buscan entornos más saludables y eficaces.
¿Qué aporta realmente?
El valor más importante del team building no lo encontramos en la actividad en sí misma, sino en lo que provoca después. Una experiencia compartida, tal y como vemos en Playing Camp, puede mejorar la confianza que hay entre los compañeros, rompiendo las barreras jerárquicas, facilitando la comunicación y generando una sensación de pertenencia bastante más fuerte. Todo ello influye mucho en el clima laboral y, de manera indirecta, en los resultados del equipo.
Este tipo de actividades permite que se puedan observar comportamientos que en el día a día suelen pasar desapercibidos. Existen personas que destacan cuando se solucionan problemas, otras al coordinar, otras cuando motivan al grupo o mantienen la calma cuando aparecen las dificultades.
Cuando se conocen mejor estas dinámicas, podemos comprender mejor cómo funciona internamente un equipo y ello vale para poder tomar decisiones más acertadas a la hora de gestionar personas.
No olvidemos que el team building no soluciona por sí mismo los problemas que puede tener una empresa. Cuando hay conflictos que son graves, escasez de liderazgo o una deficiente organización del trabajo, el que se haga una actividad puntual no va a cambiar la realidad de fondo.
El caso es que puede ser un punto de partida ideal para que se abran conversaciones, refuercen vínculos y se cree un contexto que sea más favorable para poder mejorar.
Cómo elegir la actividad adecuada
Todas las actividades no valen para todos los equipos. Una elección adecuada es, sin duda alguna, una de las partes más importantes del proceso, ya que de ello dependerá que la experiencia tenga sentido y sea útil.
Un grupo grande no tiene las mismas necesidades que un equipo pequeño. No se busca lo mismo en una empresa que tenga un entorno muy técnico que en otra que tenga unos perfiles creativos o comerciales. Por este motivo, antes de que se organice una dinámica, lo mejor es pensar en el objetivo que se tenga.
Clases de actividades más comunes
Las alternativas de team building son bastante variadas, por lo que posibilita que se adapte la propuesta a diferentes perfiles y objetivos. Entre las más habituales se encuentran las dinámicas de resolución de retos, en las que los participantes colaboran de cara a superar una prueba en un tiempo limitado.
Esta clase de actividad ayuda a trabajar en la comunicación y la coordinación, y a poder tomar decisiones bajo presión.
Otra de las opciones más habituales son los talleres creativos. Los mismos pueden estar relacionados con temas como el arte, la música, la cocina o la construcción de algo grupal.
Este es un formato que ayuda a que participen personas que tengan perfiles diferentes y genera un ambiente relajado, de gran utilidad para que se refuercen vínculos de manera menos rígida. Además, hace posible que aparezcan nuevas ideas y que los participantes se puedan expresar con mayor libertad.
Otras alternativas que son muy usadas son las actividades al aire libre. Aquí hablamos de gymkhanas, caminatas, pruebas cooperativas y experiencias en la naturaleza que son muy eficaces cuando queremos desconectar del entorno habitual y cambiar el contexto. El hecho de salir del espacio de trabajo es de gran ayuda cuando se quieren romper las inercias y ayuda a que las personas se puedan relacionar más naturalmente.
Algo que hay que tener en cuenta es que existen actividades que están centradas en los aprendizajes compartidos. Hablamos de talleres de comunicación, liderazgo, de gestión del tiempo o para la resolución de conflictos que funcionan bastante bien cuando se quieren mejorar habilidades en concreto.
Para estos casos, el team building lo que hace es combinar la parte lúdica con una dimensión a nivel formativo que aporta una utilidad más directa al trabajo que se realiza a diario.
El contexto también importa
Cuando se hace un mismo tipo de actividad, puede funcionar realmente bien en una empresa y ser escasamente útil en otra. Todo va a depender del contexto y momento que esté atravesando el equipo y del objetivo que se persiga.
No es igual que se organice una jornada para que se integren los nuevos trabajadores que para el refuerzo de un departamento que ya lleva tiempo trabajando junto. De la misma forma, tampoco es lo mismo que se plantee una actividad en un momento de crecimiento que en una etapa de tensión interna.
Por todo ello, el contexto se debe analizar antes de la toma de decisiones. Cuando el equipo esté cansado o saturado, es posible que sea mejor una actividad ligera, que esté pensada para la desconexión o reconexión. Cuando uno de los problemas más importantes sea la comunicación, va a ser más conveniente realizar una dinámica que obligue a colaborar y a que se hable más entre sí.
En el caso de que lo que se busque sea un fortalecimiento de la confianza, se deberá diseñar algo que de verdad ayude a que sea más fácil que haya una cooperación real y no solamente la diversión superficial.
La clave la podemos encontrar en que el team building no es una fórmula clásica. Se debe ajustar al momento concreto del grupo. Si se hace así, lo que ocurre es que la experiencia es más probable que deje una huella positiva y esto se puede traducir en una serie de mejoras importantes.
¿Cómo debe organizarse?
La actividad de team building, cuando está bien organizada, comienza antes de que llegue el día del evento. Lo primero es definir el objetivo en cuestión. Luego es necesario escoger el formato, el lugar, la duración y el tipo de facilitador o dinamizador que conducirá la experiencia. De igual forma, es importante prever la logística, la asistencia, los materiales y cualquier detalle que interfiera en su desarrollo.
Lo que un equipo aprende
Entre los motivos más relevantes por los que el team building ha ido ganando peso está que permite que se pueda aprender sin la rigidez de una formación tradicional. Las personas tienen la capacidad para asimilar mejor algunos mensajes cuando los experimentan de manera práctica. El trabajo en grupo, enfrentarse a un reto común o solucionar una situación inesperada deja una serie de aprendizajes que después recordamos fácilmente.
Entre dichos aprendizajes, es fundamental escuchar de verdad. Existen multitud de dinámicas en las que se puede comprobar que el avanzar es algo que depende no solamente de hablar, sino de atender a lo que otros aportan. Se observa que una buena coordinación ayuda a ahorrar tiempo y se evitan los errores. Muchas veces descubrimos que el grupo puede funcionar mejor cuando las personas asumen un rol de verdad claro, sin que tengan que competir sin necesidad con el resto de la plantilla.
Otro tema que se puede observar es que una adecuada coordinación ahorra tiempo y evita bastantes errores. Muchas veces se puede descubrir que el grupo funciona mejor cuando las personas asumen roles claros sin tener que competir con el resto.
Otro de los aprendizajes habituales es la gestión de la frustración. No todo sale bien a la primera, y eso es parte del gran valor que tienen este tipo de actividades. El hecho de aprender a mantener la calma, corregir el rumbo y seguir colaborando cuando algo falla, es algo de gran utilidad en los entornos laborales reales.
Realmente, la transferencia entre el juego y el trabajo es de los puntos que son más interesantes si se plantea un team building de forma adecuada.
Hacia un enfoque más útil
Está claro que el team building va a seguir teniendo razón de ser siempre que se vea como una herramienta que tiene sentido y no como una moda. Las empresas quieren iniciativas que aporten cosas reales y cuando se piensan bien las actividades, ello funciona. Al planificarse con criterio, se ayuda a que mejore el clima laboral y ello ayuda a que los equipos funcionen con mayor soltura. Si se improvisa o pasa a ser un simple trámite, van a perder buena parte del valor. El éxito no depende solamente de la idea, sino de cómo se adapta al grupo y de qué es lo que se hace después con lo que se aprende.

